Energía mental


La energía mental es, en mi opinión, la gran enemiga de esta época que hemos elegido vivir.

No es que sea un tipo de energía mala, nociva o que necesitemos eliminar de nuestras vidas. La mente es, en verdad, una cosa maravillosa si se sabe utilizar de forma adecuada.

Nuestra mente nos permite aprender técnicas que luego serán destrozadas por el conocimiento del alma, nos permite hablar, leer y escribir y así comunicarnos (en todos los idiomas que queramos);

Gracias a las mentes hemos podido curarnos, conocer nuestro pasado ancestral, plasmar la imagen en múltiples formatos (la fotografía 💜), viajar...

Hoy nos permite conectar con personas que se encuentran a millones de kilómetros de donde estamos (o a la vuelta de la esquina)

Pero, ¡ojo! porque la mente es la que nos hace creernos diferentes, no desde la riqueza, sino desde la carencia.

Es, desde mi punto de vista, la clave principal de cualquier enfermedad.

Se le ha dado tanto poder que se cree la dueña y señora de nuestras vidas, es el lugar perfecto para conectar y también el punto principal de desconexión del ser humano con su corazón, su alma y su propósito de vida (y los que saben, esto lo saben)

Solo los niños y las niñas viven con conexión directa, sin filtro mental y ya nos encargamos los adultos de hacerles creer que les vamos a enseñar a ser mejores, más maduros...

A mi, mi mente me ha jugado muy malas pasadas y me ha dado muchos dolores de cabeza (en sentido metafórico y literal) pero sobre todo, su uso no adecuado me ha llevado a lugares a los que no pertenezco y a vivir en el sufrimiento que trae consigo el no poder distinguir el pensar del sentir.

A través de la mirada podemos poner a la mente en su sitio, ese desde el que acompaña en vez de dirigir.

No dejes de mirarte.

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