Ombligo



Cuenta la mitología griega que en una disputa entre Atenea y Apolo por ver cuál era el lugar más importante de la época, Zeus lanzó a volar dos águilas desde los confines del mundo y que fueron a cruzarse justo en Delfos, denominándolo así como el ombligo del mundo, el centro del universo en aquel momento.

El ombligo no es solo la primera cicatriz que todos poseemos, es también la primera fuente de nutrición.

En las culturas orientales a la zona umbilical, también llamada Hara, se la considera el centro de poder y de equilibro del cuerpo, el centro de gravedad.

Para la filosofía yogui es el lugar donde habita el prana (o la energía vital), el lugar donde se desarrolla la confianza, la voluntad...

Leí hace unos meses que los monjes cristianos primitivos, en búsqueda de la paz interior combinaban ciertas técnicas respiratorias con la oración y dejaban caer la cabeza hacia el ombligo como ejercicio de contemplación.

Hoy en día pese, o debido a, tener toda esta información, la expresión “mirarse el ombligo” está relacionada con un comportamiento egocéntrico, como si el que se mira el ombligo no fuese capaz de interesarse por nada más.

Para variar, no estoy de acuerdo.

Necesitamos ser conscientes de la fuerza, la energía, la luz, el potencial, el amor, que llevamos dentro, ese es nuestro regalo y derecho de nacimiento.

Para ofrecernos, para entregar lo mejor que tenemos, para educar, para ayudar, para amar plenamente, necesitamos mirar dentro.

Ven a fotografiarte y mirarte bien el ombligo.

Conviértete en el centro de tu universo.

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