Ser social vs Ser humano


En estos últimos meses estoy haciendo un especial hincapié en mi automirada.

Cómo miro mi imagen, cómo miro mis comportamientos, mis emociones; miro cómo me desenvuelvo en el mundo.

Me estoy dando cuenta de cosas fascinantes.

Una de ellas es la división que siento que existe el “ser social” (con lo que me identifico) y el “ser humano” (aquello que soy).

Mi ser social lleva ya unos años de capa caída, se ha ido desvaneciendo poco a poco para dejarme desnuda ante el mundo.

Desnuda de ideas socialmente marcadas, desnuda de logros sociales, desnuda de todo aquello que durante años he sentido me hacia vital, importante, que me daba valor, que me hacia ser una mejor persona.

Resulta que cuanto más desconectada me siento de ese yo social, me hago más consciente del ser humano que habita en mi. De lo que le gusta, de lo que necesita, de su voz profunda y atrevida, de sus ideas y ocurrencias, siempre brillantes y aterradoras a partes iguales.

También me veo identificada en pensamientos, sentimientos, acciones o actitudes que he odiado, juzgando y rechazado hasta la saciedad.

Mi yo humana va recuperando lo que decidió dejarse arrebatar con los años debido a las preocupaciones, las frustraciones o por querer pertenecer, encajar, agradar.

Me da la risa nerviosa, aunque sé que soy fuerte y capaz, porque conectar con mi yo humano se siente casi como tener que aprender a caminar.

Se abre un mundo infinito de nuevas posibilidades.

Empieza una nueva aventura.

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Mírate, todo aquello que veas en ti será la clave para conectar y descubrir el maravilloso ser que eres.

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